Ayer viajaba en un colectivo de corta distancia de la Ciudad de Rosario, parada, pero con mis dos manos en el caño largo (al mejor estilo “bailarina de pole dance”). En un momento el chofer frena, abruptamente y de repente… La gente que iba parada se desplazó hacia adelante, un par de personas cayeron sobre mí. Me aferré al caño, no me pasó nada, solo me aplasté un poco una mano. Dos chicas se cayeron al piso, luego se levantaron con la ayuda de algunos pasajeros, una de ella friccionándose el trasero, con cara de “dolor de Q-lo”. Los que estaban adelante, miraban con ojos de huevos fritos; la chica que estaba al costado de lo sucedido, en un asiento individual, ni se percató del sacudón, a pesar de que este tipo de frenada asusta a cualquiera.
Ella iba pegada a la ventanilla, como resguardándose del frío. Llevaba una campera inflada, tipo tapado, negra y con capucha, con detalle en piel sintética. Lentes color negro oscuro, invisibles y colita en el pelo, auriculares, celular y un bolso negro también (todo haciendo juego, obbbbviiioo), ideal para guardar todas sus inútiles cacharpas. Claro que para ella sus cosas, lejos de inútiles, resultaban imprescindibles. Su cápsula, parecida a cabina de astronauta, le servía para prevenirse de “los otros”, o del frío, quién sabe… Intacta, absorta y abstraída, así continuó su placentero viaje (a Marte).
Moraleja: Si subís a un colectivo, pegate al caño. Te salvás seguro.
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Vos de qué te quejás!!! Si te gusta el caño!!! Además, si te estabas por caer, cómo pudiste ver con tanto detalle??? Sos una chusma de barrrrrrio. Me parece que este invierno me compro una de esas camperas que parecen traje de astronauta, tipo globo aerostático y me cambio la bolsa blanca por una negra cheta que tengo. Con ese camuflaje no me reconoce ni Mamá Bolsa!
LA BOLSA CINICA
Escrito en Lo compré en Ona! (el mundo del chetaje)



